Es algo extraño, porque
creo que ni me gusta correr. Y digo creo sin estar seguro. Odio madrugar para
correr, odio dejar de hacer algo por correr, adoro las excusas que me impiden
salir, etc. Sobre todo esto era así cuando comencé, pero tras cada salida una
sonrisa, tras cada objetivo un subidón, tras cada cima la mejor panorámica de
tu vida, así que claro que sé si me gusta correr, y lo que más me gusta es lo
que me aporta.
Me permite conocerme,
madurar y entenderme. Me permite encontrar respuestas a aquellas preguntas que
nacen a lo largo del día. Me permite poner mi cuerpo y mi mente en el mismo
estado, buscar ese equilibrio que muchos pagan para encontrar. Mientras corro contesto
a esa voz interior que muchas veces no te permite pensar con claridad. Porque
correr transforma un mal día en uno bueno. Porque cuando corro me da igual
llegar el primero o el último, llegar se convierte en victoria. Porque mientras
corro no hay dinero, ni posesiones, ni cargos, todos somos iguales, nos ponemos
unas zapatillas y compartimos agua con personas que apenas conocemos. Compartimos
abrazos con gente sudada, vasos con gente desconocida, pero nos convertimos en
amigos porque compartimos lo que más nos gusta. Porque cuando corro simplemente
soy yo.
Corro porque me hace feliz.
Si aún me preguntas por qué corro, es porque nunca lo entenderás.
Corro porque me hace feliz.
Si aún me preguntas por qué corro, es porque nunca lo entenderás.
Corro porque puedo,
corro por objetivos y corro por decirme a mí mismo: Yo lo he conseguido!