Nos levantamos todos tempranos y tomamos el desayuno típico de allí al que tanto me cuesta acostumbrarme. Huevos a la mexicana, tortitas, mucho café, fruta de todo tipo, de la que tengo que decir que nunca había probado fruta con ese sabor, jugos de todo tipo... por ahora tomaré fruta y leche. Tendré que acostumbrar el estómago poco a poco...
El día anterior ya habíamos preparado todo el equipaje, dos maletas grandes y pesadas por personas. Tuvimos que correr para no perder el autocar ( o el camión, como allí se dice). Se me hace el viaje cortísimo a pesar de ser siete horas. No quiero perderme detalle del paisaje y me doy cuenta de como va cambiando a medida que nos acercamos a la sierra. La última hora empiezan las curvas y siento com me voy mareando, pero las ganas por llegar y la ilusión superan al mareo y se me va pasando. Llegamos a nuestro primer destino: Cuicatlan. Al bajar del autobus siento como una ola de calor me golpea en la cara. Sacamos el equipaje mientras intentamos alquilar una camioneta que nos suba a la sierra.
Creo que nunca había estado en un sitio así. Me daba la sensación de estar en mitad del desierto, mas tarde me contarán que es uno de los pueblos más cálidos de la zona...ya lo había notado.
Conseguimos alquilar una camioneta a un chico joven. Cargamos el equipaje y a las cinco de la tarde partimos para la sierra. Son cuatro horas de camino....normalmente...
A medida que pasa el tiempo el camino va empeorando...barro, lluvia, barrancos y derrapes de la camioneta hace que mis ganas por llegar aumenten rapidamente...pero no querían que pasaramos sin pena ni gloria...
La camioneta se queda atrapada en el fango y hay que bajarse a empujar nuestra camioneta y la de otro muchacho que también se queda atrapada. Al final las cuatro horas se convierten en nueve horas de un camino interminable, fatigoso, pero a la vez maravilloso, porque empiezo a conocer gente del pueblo y a conversar con ellos. Ya empiezan a contarme su vida diaria...aún hoy no deja de sorprenderme que lo que yo acababa de vivir y que no quería volver a pasarlo, fuera el día a día de la mayoría de las personas que allí estaban...y me quejo yo por madrugar...
Por fin llegamos al pueblo. Llego desorientado, hasta unos días después que conozco el pueblo bien, no se por que camino llegué. Llegamos a la casa, bajamos el equipaje y nos recibe el comité de la iglesia. Cuando nos quedamos solos preparamos las camas. Mi cama primera son dos tablas apoyadas en dos bancos. Estoy muy cansado, después de sacudir el polvo un poco y sacar el saco de dormir me acuesto sin casi darme cuenta de las tablas, ni de los bichitos que esa noche durmieron conmigo para darme la bienvenida. Tenía ganas de que amaneciera para ver el pueblo a la luz del día y conocer a toda la gente y los niños.
Por ahora no llevo ni 24 horas de viaje y no puedo más...mas tarde me olvidaré hasta del cansancio, simplemente para saborear cada momento que allí paso...me duermo soñando como será mañana...ya no tendría que esperar mucho más...el mañana ya era hoy...
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