jueves, 5 de mayo de 2011

Grita


Hoy no voy a escribir del típico amor que te deja huella, que recuerdas toda la vida y que siempre será ese amor que te ha dejado huella. Ni de ese desamor que también te deja esa huella pero de diferente manera, que recuerdas de diferente manera, pero que también será ese amor que recordarás.
Hoy quiero escribir por ti que no puedes escribir, que tu letra nunca será leída, ni tu voz escuchada por más que grites. Quiero hacerte protagonista de algo, a ti que siempre estás en el último lugar. No me importa por qué estás ahí. Solo sé que te mereces una oportunidad.
No quiero hacer juicios morales de nadie, ni culpar a nadie por ello. Pero quiero que cada persona que lea esto, sea consciente de la realidad, de su realidad, que es nuestra realidad. Y la realidad es que hay gente que necesita de gente que hable por ellos. Quiero ser por una vez la voz de los últimos.
Por qué es tan fácil escribir cosas que ni si quiera nos han pasado…o que quizás ni pasen…
Lo que si pasa es que hay gente que vive o malvive en la calle, presos de una historia que a veces no pueden controlar, o que les toca en el injusto sorteo de la vida… O pobres que aguantan la presión y opresión de los “grandes”, por llamarlos de alguna manera. Esas personas que son capaces de salir en televisión y revistas luciendo una sonrisa a pesar de saber que mueven desde su despacho las manos que maltratan pueblos y familias para engordar su cuenta.
Y qué decir de los últimos, de el “tercer mundo”, los primero para Dios. Qué decir de ellos.
No voy a decir nada…
Ya lo dice nuestra sociedad. Que nos inculca el odio por aquel que viene huyendo de una realidad en su tierra que está acabando con el y su pueblo… que se deja la vida en muchas ocasiones en el camino. Párate a mirarle a los ojos y verás solo dolor, miedo, soledad… pero le llamamos ilegal. Ilegal es dejarlo morir en las afueras de nuestras ciudades o en las orillas de nuestras maravillosas playas… Solo por un papel, solo por eso… Ilegal…
No quiero hacer juicios morales a nadie, ni culpo a nadie. Me culpo a mi, que la sociedad me hace frío al dolor del otro. Que no hago nada cuando me cruzo con los necesitados, que cierro la ventanilla del coche al pobre del semaforo...
Hoy solo quería ser la voz del que no puede hablar, del que no le dejan. Hoy grito por ti, hermano, te tiendo una mano, y desde aquí, gritar por todos. Vuestro grito se escucha, pero nadie lo oye.
Hoy escribo por ti, gritamos por ti, hermano…

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